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Carisma

Nuestro carisma es glorificar constantemente a Dios con la santidad de nuestra vida, formando una verdadera familia religiosa, con total disponibilidad para servir pastoralmente en los lugares más necesitados, en comunión con los obispos y el clero diocesano. Es ofrecer a Dios todo lo que hacemos durante el día: nuestro trabajo, estudio, servicio, "ofreciéndo la propia persona como un sacrificio vivo y santo, capaz de agradarle" (Romanos 12, 1), puesto que mientras más consciente estás de tu pertenencia a Dios, más dispuesto estarás a hacer su voluntad; entendiéndose "la volundad de Dios" como su deseo de que amemos a todos de la misma forma que Él nos ama: incondicionalmente.

El Oblato es entonces un hombre que busca amar a todos los demás, manifestando ese amor en la solidaridad, tolerancia, comprensión, respeto, compasión, igualdad, justicia, misericordia, etc., colaborando así en el Reino de Dios y ofreciéndolo todo a Dios. El oblato no puede ser egoísta. Todo lo que tiene lo pone a disposición de todos los demás, ofreciendo lo que tiene, lo que sabe y lo que es.


Santidad

La Santidad es nuestra tarea principal de toda la vida. Así lo decia nuestro fundador, el Reverendo Padre Enrique Méndez Garibay. La santidad es la comunión profunda con Dios y con los demás. Ésta debe ser vivida con la alegía y felicidad que surge precisamente de esa comunión con Dios. Por esto nuestro fundador decia: La tarea nuestra es la Santidad


Consagración

Consagramos nuestra vida a Dios para vivir los consejos evangélicos de Pobreza, Castidad y Obediencia, de tal manera que en la vida de comunidad se vivan plenamente los valores del reino al estilo de Jesús y según el espíritu de nuestro fundador para estar unidos en el pensar, unidos en el sentir y unidos en el actuar. Reconocemos en nuestra familia la necesidad de contar con Hermanos Religiosos, que sin recibir la ordenación sacerdotal, vivan en el seno de ella, con los mismos derechos, obligaciones, tareas y con la misma dignidad que les confiere la Profesión Religiosa. La consagración religiosa es el fundamento de nuestra comunidad, y, aunque no tenemos aún ningún hermano religioso que haya optado por vivir ese estado de vida sin ordenarse sacerdote, sin embargo, la comunidad reconoce y alaba la presencia de esa vocación en el seno de nuestra familia.